martes, 13 de noviembre de 2007

Los últimos días

Según parecía eran sus últimos días, no duraría mucho más. Qué hacer? Recorrer 500 km. para verla sufrir? Para verla morir?
Al final se decidió. Su mente se tiró los 500 km. pensando en ser fuerte, no llorar delante de ella, no mostrar tristeza....Pero según iba llegando a la ciudad, se derrumbó por completo y lo único que quería era no enfrentarse a esa situación, darse media vuelta. Sus pensamientos del pasado resurgían sin parar, sus emociones estaban a flor de piel.
Antes de entrar en la habitación, respiró hondo y pensó: "soy fuerte". Verla tumbada con su pelo largo y canoso, la cara pálida, pero sus ojos....tenían brillo. Estuvo hablando con ella como si no hubiese pasado ni un sólo día desde la última vez que estuvieron juntas. Su abuela estaba contenta, no hablaba, ni hacía ningún gesto ni movimiento, pero sus ojos destellaban alegría.
Esos días fueron horribles psicológicamente, ver poco a poco esfumarse la vida de su abuela, cada aliento, cada suspiro parece que va a ser el último. Le daba de comer con una jeringuilla y ayudaba a lavarla de arriba a abajo todos los días.
Cuando se fué, supo que sería la última vez que la vería con vida, si a ese estado se le podía llamar vivir. Entró en la habitación y le dijo que la quería, que fuese fuerte, y que se tenía que ir. Su abuela no pudo consolarla, no pudo decirle que también la quería pero de sus ojos brotaron unas lágrimas que significaron más que cualquier palabra, que cualquier gesto o movimiento. Entendió todo con esas lágrimas y significaron todo.
Pasado algo más de un mes se agotó su cansado y viejo corazón y dejó de respirar.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada día me doy cuenta de lo importante que es decirle a las personas que quieres "te quiero".
Hasta hace muy poco yo no era capaz de decirlo. Y ahora me permito decírselo a muy pocos, no se por qué, imagino que es la falta de costumbre.
Es por eso que desde que tengo hijos se lo digo todos los días y muchas veces para que ellos tengan costumbre de hacerlo y nunca se arrepientan de no habérselo dicho a alguien que ya no está, o que ya no puede escucharte. A mi marido también se lo digo, aunque cada vez un poco menos.
Mi abuela se va, y aún no se lo he dicho, siempre hay alguien en la habitación y me da vergüenza. No me importa, porque ya es tarde y no puede escucharme. Pero pienso en todas las veces que si me pudo escuchar y nunca se lo dije.
Ahora de vez en cuando en un mail o mensaje de móvil me atrevo a decírselo a mis padres, a mi hermano a algún buen amigo. ¿Me atreveré alguna vez a dejar que lo escuchen mirándoles a la cara?

Anónimo dijo...

Estoy con Barco Amarte, nos han enseñado a reprimir los afectos y de adultos hemos de luchar contra ello.No se que puedo decir de la muerte de un ser querido,que pueda consolar...no entiendo aún que lección aprendemos, pienso en ello y perdona pero me emociono y siento ansiedad por el dolor que he sentido en ocasiones similares y volveré a sentir.Procuro disfrutar más de la gente,salir menos a sitios oscuros y buscar;en sus ojos ,en sus palabras ,durante un paseo soleado o al calor de la mesa hogareña y me cuenten como es su vida. Si me atrevo darles un abrazo enorme.HAY QUE TOCAR MÁS,MÁS CARICIAS , APRETONES DE MANOS Y MENOS PALABRAS, QUE SE LAS LLEVA EL VIENTO!! y eso también va para Barco Amarte.

sol y luna dijo...

Hay veces y según con qué personas que te resulta imposible decir y hacer todo lo que sientes, aunque desearías hacer algo o decir algo es superior a tí, sientes vergüenza. Y encima te sientes mal por no hacerlo, con lo cual, hay un sentimiento de culpa....
Muchas gracias por vuestros comentarios.